Curso de formación “Ética y responsabilidad de la investigación”

Aunque a lo largo de la Historia la humanidad se ha esforzado en conocer y explicar el mundo que le rodea con la intención de mejorar su propio bienestar, podría afirmarse que es a lo largo del siglo XX cuando se inicia una reflexión más profunda sobre las implicaciones sociales a todos los niveles que tiene el conocimiento y la forma de obtenerlo. Una de estas primeras reflexiones fue, sin duda, el Código de Núremberg derivado del juicio que tuvo lugar en aquella ciudad alemana contra los criminales de guerra del ejército alemán tras la II Guerra Mundial, y que se refería específicamente a los procedimientos para realizar investigaciones con seres humanos. El Código de Núremberg tuvo su continuidad en la Declaración de Helsinki de 1964, de la Asamblea Médica Mundial, y posteriormente se extendió en el Informe Belmont de 1979 (elaborado por mandato del Congreso norteamericano), no sólo a la investigación biomédica, sino también a los estudios sobre el comportamiento humano. Los rápidos avances del conocimiento en biología y en biomedicina no han hecho sino acrecentar la necesidad de establecer normas de precaución en relación a los potenciales usos de dicho conocimiento, que van más allá de lo que abarcaría la deontología médica y se adentran en aspectos que tienen que ver con la filosofía, la concepción del papel del hombre en la naturaleza o la propia dignidad humana, y que han dado lugar al nacimiento de una nueva disciplina denominada Bioética.

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